El Rector de la Universidad de Jaén, Juan Gómez Ortega, destacó hoy el carácter “profundamente internacional” del Título de Experto Universitario en Cata de Aceites de Oliva Vírgenes, que este año cumple su décimo tercera edición.

Juan Gómez señaló que, además de que la provincia de Jaén sea la principal región productora del mundo de aceite de oliva, “tenemos que ser referentes a nivel nacional e internacional en todo lo que tiene que ver con formación e innovación en este campo”. Así, el Rector destacó el “carácter internacional” del curso, en el que participan una treintena de profesionales, procedentes de más de quince países, una veintena de ellos becados por el Consejo Oleícola Internacional (COI). Concretamente, el alumnado procede de Albania, Argelia, Argentina, Grecia, Irán, Irak, Israel, Corea, Jordania, Líbano, Marruecos, Siria, Túnez, Turquía y España.

El curso de experto está dirigido por el catedrático de Ingeniería Química de la UJA, Sebastián Sánchez Villasclaras, y por el catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Granada, Leopoldo Martínez Nieto. La coordinación correo a cargo del profesor titular de Ingeniería Química de la UJA, José Alberto Moya López.

Sebastián Sánchez Villasclaras explicó que se trata de hacer un experto en valoración sensorial de aceites de oliva vírgenes, aunque “el catador que se forme necesita continuamente adiestrarse. Todos los días tiene que catar aceite y valorarlo”. Sánchez Villasclaras comentó que durante estas trece ediciones (el curso comenzó a impartirse en 1998 con carácter anual y desde 2007 es anual) se han formado más de 300 catadores. En este sentido, añadió que “falta catadores en el mundo” y que para clasificar aceites de oliva vírgenes, “no basta con determinar las características físico químicas, sino que es necesario caracterizarlo sensorialmente”.

El curso se prolongará hasta el 18 de diciembre. Tiene 325 horas y está estructura en seis módulos. La sinopsis del curso explica que la evaluación sensorial de los alimentos, en general, es una función primaria del hombre, que acepta o rechaza los alimentos de acuerdo con la sensación que experimenta al observarlos o ingerirlos. Este aspecto de la calidad de los alimentos, que incide directamente en la reacción del consumidor, es el que se denomina “Calidad sensorial”.

Su importancia tecnológica y económica es evidente, ya que puede condicionar los avances que se producen en el campo de la tecnología de los alimentos. Los problemas que plantea la evaluación, medida y control de este aspecto de la calidad constituyen un reto para los especialistas y son motivo de preocupación en la industria agroalimentaria, tanto a nivel tecnológico como comercial.