Juan Silva García, presidente de la asociación cultural Estación de Huesa, hace una interesante reflexión sobre el ferrocarril. Así lo expresa:

Durante el mes agosto muchos pueblos de la provincia de Jaén se encuentran con el alborozo de las fiestas, incluida la Estación de Huesa, una pequeña aldea donde se funden las comarcas de Sierra Mágina y Sierra de Cazorla, entre los términos municipales de Cabra del Santo Cristo y Quesada. Y en ella radica la Asociación Cultural de la que tengo el honor de ser presidente, nacida en 2005 cuando un grupo de oriundos decidimos reivindicar nuestros orígenes y propusimos poner fin al abandono al que el paso del tiempo estaba sometiendo a esta zona casi despoblada.

En estas fechas nos vienen sentimientos encontrados: por un lado el agrado de ver de nuevo a nuestras familias y amigos emigrados a otros territorios; por otro el triste recuerdo de ver que nos encontramos cada vez más “perdiendo el tren”. Así se titula el documental de los jiennenses hermanos Luque, que hacen una retrospectiva del desmantelamiento ferroviario de la provincia a modo de conciencia.

Como otras estaciones, la Estación de Huesa nació al calor de la llegada del ferrocarril. En las últimas décadas del S.XIX, gentes venidas de distintos lugares eligieron este lugar para trabajar en la construcción del ferrocarril y vivir junto a sus familias. Y aquí quedaron tras la inauguración de la Línea Linares Almería en 1899, que tan bien inmortalizó el Doctor Cerdá y Rico en la obra que reside en Cabra del Santo Cristo y que ha llegado hasta nuestros días.

El tren siempre fue el principio y fin de todo por estas postrimeras. Generador de empleos directos e indirectos como la corta y transporte de la madera de pino o la producción del esparto e imprescindible para los desplazamientos a localidades con más vida como Guadix o Linares y capitales como Granada y Almería. Pero lo que se creía inagotable no fue así porque a mediados del Siglo XX comenzamos a “perder el tren”. Por entonces se contaban 50 circulaciones diarias de trenes: El correo, los expresos nocturnos, mercancías, el “uvero”, trenes de trabajo con ferroviarios, las aguadas para abastecer a las estaciones. Y perder el tren derivó el perder también a los ferroviarios, a los Jefes de estación, factores de circulación, guardagujas, guardabarreras, obreros.

Todo se aceleró en la década de los 80 del S.XX, con la preparación para el sonado 1992 y el AVE. El paso preferente de Despeñaperros quedó en segundo plano y la provincia de Jaén empezó a apagarse lentamente. De las 100 circulaciones de Linares/Baeza, se pasó a 15. Conocemos el eslogan de “Teruel existe”, sin ser conscientes de que en Andalucía también tenemos una Teruel llamada Jaén, al menos en lo que a lo ferroviario se refiere. La provincia y Andalucía oriental languidecen desde hace décadas por el desmantelamiento progresivo y silencioso de este medio de transporte y prácticamente no han existido voces que alerten de ello, con honrosas excepciones.

Para remate del despropósito, hace más de tres años que se suprimió la conexión nocturna de Andalucía con Cataluña y viceversa, con un tren hotel Granada Barcelona que a precios asequibles comunicaba estas dos regiones pasando por Jaén y que tenía una ocupación del 80% durante todo el año. Primero con la excusa de unas obras en el corredor Mediterráneo y después con otros argumentos, se suprimió en un intento de derivar a los ciudadanos al AVE. Ese AVE que no termina de llegar a Granada y que cuando llegue no pasará por Jaén. Un tren lleno a diario aunque desaparecido y varias provincias ferroviariamente aisladas, ofreciendo como alternativa desplazamiento de 100 kilómetros a Córdoba o Granada para coger el tren.

Ciento veinte años después de su inauguración, la línea Linares Almería está operativa aunque hibernando. Renfe y Adif no han parado de aducir que “el tren no era rentable” o que “la línea no es segura”, a pesar de que por ella pasan a diario los Talgo de Almería a Madrid. Mientras tanto, las gentes de pueblos como Iznalloz, Guadahortuna, Moreda y Guadix en Granada o Cabra del Santo Cristo, Huesa, Jódar, Úbeda, Linares, Baeza y Vilches en Jaén siguen sin la posibilidad que les permita ir o volver de sus puntos de origen al Levante y Cataluña a precios competitivos en aquel tren hotel, junto a muchos turistas extranjeros que lo usaban y que daban vida a un tren lleno casi todo el año. El titular de Fomento, tanto el anterior como el actual, hicieron suyos los argumentos “técnicos” de Renfe y Adif para dilatar el debate sobre porqué se quitó el tren y porque no se restablece, hito éste muy bien aprovechado por las compañías de autobuses que hacen su particular agosto durante todo el año.

En un intento por apaciguar los ánimos del aislamiento ferroviario de la ciudad de Granada, nuestros gobernantes proponen ahora que para septiembre u octubre pueda activarse un talgo “provisional” de Granada a Madrid por la línea de Linares. Después de tres años y ante el clamor popular se ofrece una medida provisional, que cuando deje de serlo volverá a condenar al olvido a la provincia del olvido, a la provincia del aceite. Mientras tanto, la opción de que vuelva el tren hotel “con ocupación plena a diario” ni tan siquiera ha sido estudiada ante la impotencia de que la línea de tren Linares a Almería sigue operativa y sin trenes en un mensaje velado de: o el AVE o nada.

Necesitamos que nuestros gobernantes miren a los pueblos, a las gentes de las zonas rurales y les den los medios para subsistir como las comunicaciones, dejando de comportarse como si este tema no fuera con ellos, en lo que parece que “como no da votos, no interesa” o “el único tren que da votos es el AVE”.

A menudo veo como estaban hace 35 años esas zonas donde entonces perdieron el tren, como la comarca de la campiña que perdió “el tren del aceite”. Donde hubo vida hoy ni tan siquiera hay vía. No queda ni el recuerdo de lo que fue aunque algunos siempre tenemos presente lo que pudo haber sido. Por contra, donde sigue quedando un hilo de esperanza, como en la línea Linares Almería, no terminamos de creernos que lo que se está apagando terminará despareciendo. Parece que nunca llegará pero todo apunta a que sí. Y lo que hoy parece lejano, mañana serán lamentos y recuerdos, solo recuerdos.

A pesar de todo, nosotros seguiremos aquí, reuniéndonos y trabajando para que el desmantelamiento de nuestra aldea no sea una realidad o al menos trabajando para ello. Que el desmantelamiento ferroviario no se lleve mas pueblos y aldeas, seguiremos recordando al “tren correo”, al “uvero”, a los viajeros y a las mercancías, viendo pasar las pocas circulaciones que quedan, todas sin parada.

Seguiremos viendo con tristeza como estamos “perdiendo el tren”.