Ha dejado de respirar una de las señoras de Villanueva de la Reina, servicial, amable, alegre y respetada, algunos de los calificativos que pueden aplicarse a Antonia Luque. Una luchadora desde muy joven, una trabajadora empedernida y una persona amante de su pueblo.

Desde su tienda de comestibles hasta el bar que regentó, siempre estuvo al lado de los villanoveros, incluso, cuando dejó de atender el negocio y se involucró en la asociación de mujeres, con esa filigrana que le hacía a los dolores que soportaba, sobre todo, en sus piernas.

Quedaron atrás aquellos años en los cuales, durante la romería de Santa Potenciana, atendía la preparación de los espárragos. No estaría de más que hubiera un recordatorio especial cuando los cohetes y la banda de cornetas anuncien el inicio de la romería villanovera.

La plaza de los Jardinillos queda huérfana de uno de sus preciados inquilinos, Antonia Luque, que nos ha abandonado en el silencio del mes de abril, sin que pudiera despedirse de su patrona, a la que tanto ha implorado por todos los vecinos de Villanueva de la Reina.

Antonia protagonizó un capítulo de mi libro sobre los cortijos de la localidad, porque ella los había sufrido y también disfrutado. “Niño…, aquello era para vivirlo”, así se despidió.