Desde hace tan solo unos días, Miguel Hernández descansa en Quesada. No hablamos de sus huesos, sino de su memoria, materializada en un centro museístico que acaba de abrir sus puertas en el pueblo natal de su esposa, Josefina Manresa, coincidiendo con el aniversario de la muerte del poeta en el Reformatorio de Adultos de Alicante, donde coincidió con el dramaturgo Antonio Buero Vallejo.

El Museo Miguel Hernández-Josefina (que puede visitarse de manera gratuita durante todo el mes de abril) está situado en los bajos del centro dedicado al pintor Rafael Zabaleta y acoge parte del legado del autor alicantino, propiedad de la Diputación de Jaén después de que esta le pagara a la familia tres millones de euros. El acuerdo se firmó en 2013, pero el material estaba en tierras jiennenses desde agosto de 2012.
Más de 5.600 registros conforman el citado fondo, custodiado por el Instituto de Estudios Giennenses, que se ha encargado de inspeccionar y catalogar un legado compuesto por manuscritos, cartas, fotografías y diversos objetos personales, como la máquina de escribir de Hernández o la lechera que usó Manresa para sacar de la cárcel los escritos de Miguel.
Parte de ese material puede verse en el museo, que se ha dividido en cinco salas, identificadas con las obras y poemas más significativos del escritor: Perito en Lunas (entre 1910-1934); El Rayo que no cesa (1935-1936); Viento del pueblo (1936-1939); Romancero y cancionero de ausencias (1936-1939); y El legado del poeta (de 1943 a la actualidad). El centro incluye recreaciones de su casa o de una trinchera, archivos sonoros de su voz o un rincón musical para los cantautores que han puesto voz y música a sus textos, desde Joan Manuel Serrat a Silvio Rodríguez, pasando entre otros por Miguel Poveda.