El anejo de Mogón, perteneciente al municipio jiennense de Villacarrillo celebra este sábado el entierro de su alcalde, una tradición que comenzó en 1989 y que atrae a un gran número de visitantes de toda la provincia, y ya incluso de fuera, para ver el singular cortejo fúnebre que recorre el paseo de esta pequeña población situada al pie de la Sierra de Las Villas, justo en el valle que conforman los ríos Guadalquivir y Aguascebas.

El entierro del alcalde supone el preludio de lo que serán la feria y fiestas patronales de Mogón, que se celebrarán entre el 17 y el 20 de agosto y que contribuyen a que durante el verano este anejo que durante el resto del año ronda los 900 habitantes, duplique su población y se superen los 2.000 habitantes.

Un año más, y ya va a ser el sexto según su protagonista, el concejal de Anejos en el Ayuntamiento de Villacarrillo, Jesús Pérez, a sus 25 años, será el encargado de ocupar el ataúd que a partir de las 22,00 horas recorrerá Mogón parándose en cada bar hasta acabar en el Aguascebas donde literalmente será arrojado al agua para así resucitarlo. En realidad, el dudoso honor de ejercer de difunto correspondería a la alcaldesa pedánea, Antonia Quiles, pero ésta ha declinado la invitación y viene cediendo su puesto a Jesús Pérez. Quiles prefiere quedarse en un segundo plano y formará parte del cortejo de dolientes que acompañarán al ataúd.

“Tengo que reconocerlo que la primera vez no fue agradable, pero ya lo voy llevando mejor”, ha indicado Pérez a Europa Press. El cortejo partirá desde el Centro Municipal acompañado por todo el séquito y bajo los sones de la banda de tambores y cornetas de Mogón. Un grupo de unos diez amigos del concejal serán los encargados de transportar a hombros el ataúd y de hacer parada obligatoria en cada uno de los siete establecimientos hosteleros del Paseo de Mogón.

“Menos mal que no son muchos los bares y los tengo contados”, ha indicado el concejal que en cada una de las paradas tendrá que tomarse la correspondiente consumición antes de llegar al Aguascebas donde recibirá el remojón necesario como para resucitarlo.

Pérez ha explicado que esta tradición vino de la mano de Francisco Chivani en 1989. Desde entonces, y con algunos lapsus de tiempo en que no se ha llevado a cabo, se ha ido más o menos manteniendo y ahora con más ahínco si cabe tras comprobar la enorme repercusión que tiene en este pequeño anejo.

“Agradable, agradable no es, pero cuando veo lo bien que se lo pasa la gente y cómo se llena mi pueblo, eso compensa y mucho”, ha apuntado Pérez.

El concejal de Anejos admite abiertamente que no se le olvidará nunca cuando el primer año que lo hizo tuvo que ir a la funeraria que colabora con el festejo para elegir el féretro en el que haría el singular paseíllo por el pueblo, pero tampoco se le borrará la primera vez que se vio dentro del ataúd.

“La verdad es que impresiona un poco, y eso que nunca se cierra la tapa, pero ya estoy más acostumbrado”, ha señalado Pérez. Con esta particular tradición se pretende simbolizar el descanso que se quiere dar al alcalde o alcaldesa -aunque todavía ninguna mujer haya ejercido como protagonista de este curioso honor- antes de la llegada de la feria y fiestas patronales.

Lo mejor, llegar al río, quitar la chaqueta al difunto -para evitar que se estropee- y lanzamiento al agua para recuperarse del paseo y ya salir resucitado y con fuerzas renovadas con las que afrontar las fiestas patronales. Punto y final para un cortejo que volverá a repetirse el próximo año, con Jesús Pérez como difunto, si la alcaldesa pedánea no decide ejercer como tal y ocupar el lugar que le corresponde dentro de un mullido atáud, que parece ser que no.