Desde el año 2013 que dispuso el Ayuntamiento de Villanueva de la Reina de una señalización para marcar la ubicación de las cuevas de Lituergo, son muchas las personas las que han podido contemplar los restos de estas edificaciones en la roca.

Estas viviendas sirvieron para guarecerse muchas familias villanoveras, que en la mayor época de esplendor se alojaba en más de cincuenta cuevas, que disponían de un salón, cocina y una habitación.

     En el año 1074, el Papa Gregorio VII menciona en su carta al Rey Alfonso VI, que San Eufrasio se encontraba en Lituergo, entre Andújar y Bailén.

Antes de la guerra civil ya las habitaban algunas familias, pero fue tras la contienda nacional cuando un gran número de personas se acercaron para hacerlas suyas.

Muchas de estas cuevas tuvieron que abrirse con los escasos instrumentos que existían, hasta el punto de tardar tres meses en la apertura de la puerta, y después debían continuar picando para lograr acceder al resto de habitaciones.

Las cuevas estaban pintadas con cal y azulete, y los suelos de tierra rubia, conocida con el nombre de “crema para las cucharas”, porque se utilizaba para lavar la cubertería cuando aún no existía detergente.

Simón era el alcalde de las cuevas, respetado por todos los lugareños, y además, era el que daba la cara en las visitas de la Guardia Civil.

El agua no escaseaba gracias a una fuente natural que nacía en el interior del montículo que cubría las cuevas. Se alumbraban con candiles o carburos, y se llevaba una vida de pegujalero. Acudían al pueblo andando para conseguir algo para comer, o visitaban las huertas cercanas para aliviar el hambre.

La alegría también se alojaba en este asentamiento, porque en la cueva de “Juanillo el Quinto” había baile todas las semanas, al ritmo de su acordeón.

Incluso representaron una obra de teatro en una de las cuevas más grande, y para la ocasión confeccionaron el vestuario con papel. También se la ingenió “La Marquesita” para hacer unos pitos de caña para celebrar el carnaval.

El padrón de habitantes del año 1945 refleja la importancia de la población en las cuevas que alberga a 183 personas, de las cuales 99 eran mujeres y el resto hombres.