Este año, en Jaén, los ciudadanos que han ido a votar a sus concejales se han topado con un mamotreto extra sobre su mesa electoral: una impresora conectada a un ordenador portátil. Detrás, un vocal, que en lugar de buscar los apellidos del votante entre los numerosos nombres del censo, tecleaba los mismos en el sistema o, incluso, introducía el DNI electrónico en un lector que reconocía al instante el vecino.

“Es el mejor invento”, aseguraba a Diario Guadalquivir el presidente de una de las mesas del Colegio Público Agustín Serrano de Haroq, destacando la eficacia de un método que ha simplificado mucho el trabajo. “Cuando yo he visto los papeles que había que rellenar antes…”, apuntaba, aliviado, ya que la mesa electrónica permite remitir automáticamente los informes de participación y, una vez cerrada la mesa, introducir los datos del escrutinio e imprimir la documentación necesaria sin tener que rellenar ni un papel.

“Aquí han cambiado las mesas de sitio, no sé por qué, y mucha gente no sabe dónde tiene que votar –añadía el presidente–. Si no fuera por este sistema, tendríamos unas cosas tremendas”. Y es que no hace falta más que introducir los datos (tecleando o a través del DNI electrónico) para saber si al votante le corresponde una urna en concreto. No dice, eso sí, cuál es la suya. No queda más que probar y, para los muy despistados, llamar a la Junta Electoral. “Todo mucho más fácil y más rápido. Muy bien, muy bien”, incidía la vocal de la mesa, después de haber sufrido el papeleo en otra ocasión.