Paquita forever

Quien le iba a decir a Juan Martínez, María Dolores Martínez y a Gina Rodríguez, emprendedores jiennenses vinculados a la localidad de Torreperogil, que su valentía y entusiasmo les iba introducir enun mundo tan esteril de ideas como es la hostelería, con un concepto tan innovador y apetecible. Y es que Paquita Forever abrió hace pocos días en la Plaza de Toros de La Malagueta y ya es un referente con luz propia en la ciudad costera andaluza.Captura de pantalla 2015-04-09 a las 21.39.23

Málaga ha sabido acoger una oferta gastronómica basada en los más selectos quesos de cabra, oveja, o vaca, bautizando como “Lola y los Quesos” a esta selección tan exquisita. Como cuenta la historia, Paquita tuvo dos hijas, Fina es de las dos la rubia. Nació con la piel blanca como la leche sin embargo su pasión son los encurtidos. Su madre decía que tenía el olfato tan fino que era capaz de oler una aceituna a un kilómetro de distancia. Una selección de productos artesanos, con aditivos naturales y productos de la tierra como aceite de oliva virgen extra, jamón de Huelva, mojama de Barbate, hinojo, tomillo… Todo ello regado por Vermmouth de las mejores bodegas y Sidras exclusivas para paladares exigentes.

Paquita Forever

UNA MARCA CON HISTORIA PROPIA, PAQUITA FOREVER

Paquita siempre decía que era una mujer con suerte. Así le gustaba llamarse su madre, aunque lo cierto es que la vida no siempre la había tratado bien. La pequeña de cinco hermanos tuvo que abandonar sus estudios muy pronto para servir en una casa en la que se preocupaban mucho más por el brillo de la vajilla que de ella. Sin embargo Paquita siempre recordó aquella casa con cariño porque en ella conoció a mi padre que iba de vez en cuando a hacer chapuzas de electricidad. Durante años guardaron cada moneda de su escuálido sueldo para dar la entrada de un pequeño piso en las afueras. Paquita dejó de servir interna pero siguió trabajando en las casas de gente con posibles.

No paró ni durante el embarazo sus hijas, dos niñas muy diferentes compartiendo una misma barriga. Ella contaba que estaba convencida de que eran dos las criaturas que llevaba en su vientre. El médico se lo negó hasta el momento del parto en el que después de una niña rubia nació otra morena. Cuándo le preguntó cómo podía estar tan segura ella contestó: porque una me pedía queso y la otra encurtidos.
Pasaron los años y SU padre empezó a hacer chapuzas también en casa de una vecina más joven y más rubia con la que se acabó fugando. Ella nunca dejó de pensar que la suerte estaba de nuestro lado ni de hacernos sentir que eran afortunadas por tenerse las unas a las otras. Fue entonces cuando sus hijas se dieron cuenta de la clase de mujer luchadora que teníamos como madre y se tatuaron en la muñeca su nombre para siempre:! Paquita forever.
Hace más de 20 años de aquel tatuaje que nos costó una buena bronca de nuestra madre pero que estas dos niñas siempre han lucido con orgullo, el mismo que vieron reflejado en su cara cuando le contaron este proyecto común. Una marca para vender sus antojos, quesos y encurtidos, a gente con suerte.